
365 días sin mirarte a los ojos antes de atreverme a pasar mi mano por tu cintura, como una señal inequívoca de que mi intención era de que los cerraras y te dejaras llevar una vez más...
365 días sin saborear el beso de despedida antes de irnos a casa, sabiendo desde el momento en el que despegamos los labios que ese sí que iba a ser el último...
365 días, y el recuerdo de tu sonrisa ahora me parece algo ajeno, de otra persona... algo hermoso pero indoloro, como si no me hubiese merecido estar a dos centímetros de ti mientras sonreía por hacerte rabiar, o simplemente ya apenas importe.
365 grados, para dar toda una vuelta en círculo y volver, justo un año después, a acordarme de ti... con 5 grados de más para mostrarte que he avanzado un poquito desde entonces. Y más si tu ahora eres feliz... con eso es suficiente.